Las Graduaciones de la Vida: ¿Y tú, ya te graduaste?

Imagen: Pixabay/McElspeth

Fue un miércoles 13 de enero.  El día de mi graduación.

Una graduación representa una transición de un ciclo a otro. Partimos de una etapa en la cual por mucho tiempo nos preparamos intensamente para pasar una serie de pruebas. Estas determinarían si estamos listos para graduarnos o no; posiblemente en el camino perdimos alguno de estos “exámenes”, pero regresamos a la mesa de preparación, para abordar nuevamente el reto con mayor determinación. Eventualmente, llega el día de nuestra graduación. Es así como transitamos de un ciclo al otro, y finalmente salimos a un nuevo mundo, una nueva etapa de vida en la cual contamos con una mayor madurez para afrontar los desafíos de la vida, pero ahora, nutridos de habilidades especiales.  En otras palabras, estamos mejor preparados para continuar emprendiendo el camino al éxito y a la felicidad. No me refiero a las graduaciones académicas, sino a “las graduaciones de la vida”.

El diccionario define la graduación como “el acto que se lleva a cabo para reconocer a las personas que completaron sus estudios y accedieron a un cierto título académico”.  Es una ceremonia en la cual el alumno se hace acreedor de un diploma como símbolo de conclusión exitosa de un programa.  Esto mismo sucede con las graduaciones de la vida, excepto que las enseñanzas y los estudios son de una naturaleza que no es académica.  Son de origen experiencial y espiritual.  No me refiero a esto desde un punto de vista religioso.  Me refiero a un autodescubrimiento mediante el cual transformamos la forma en que percibimos lo que sucede a nuestro alrededor y cómo reaccionamos ante ello.  Me refiero a un evento o situación que tocó lo más profundo de nuestro ser y nos cambió positivamente para siempre.  Generalmente, los disparadores de este tipo de transformaciones son los momentos difíciles o de dolor.

Mi graduación fue un miércoles 13 de enero en la sala de un hospital. Por primera vez en mucho tiempo me eché a llorar como niño desconsolado en los brazos de mi mamá. No era un llanto de tristeza, ya que los momentos tristes aún no habían llegado.  Era un llanto de temor y de confusión. Fue minutos antes del nacimiento de mi hijo, y horas previas a su anticipada partida.  Fue así como un hombre de casi 40 años mostró por primera vez su vulnerabilidad hacia la vida. Fue así como, sin darme cuenta, comenzó mi proceso de graduación. El duelo y los momentos duros que vivimos con junto con mi esposa en los días, semanas y meses que siguieron, nos llevó a una conexión muy poderosa no solo en nuestro matrimonio, sino particularmente dentro de cada uno de nosotros. Mediante dicha conexión yo potencié mi espiritualidad. Desarrollé una filosofía de gratitud en mi vida, me volví más consciente para reconocer los momentos perfectos de la vida, y aprendí a encontrar sentido en las aparentes casualidades de la vida.  Estos son los frutos de mi graduación. El vacío que dejó la perdida de nuestro bebé aún se siente y permanecerá para siempre en nuestros corazones, pero siendo vulnerables, aprendimos lo que verdaderamente significa ser humanos: un aprendizaje que ha llenado mi vida de plenitud, a pesar del dolor.

Charles Swindoll dijo “La vida es un 10% lo que te pasa y 90% cómo reaccionas ante ello”. Una muy poderosa frase de actitud. Los momentos duros y los desafíos de la vida, se pueden convertir en tu próxima graduación. Cuando consigas desarrollar el hábito de buscar lo positivo en cada circunstancia, y abordarlo siempre con una actitud de crecimiento, tu vida pasará a dimensiones superiores. Es así como habrás experimentado tu graduación.

Las graduaciones académicas nos educan; las graduaciones de la vida nos preparan

Las graduaciones académicas nos abren puertas; las graduaciones de la vida nos abren corazones

Las graduaciones académicas nos nutren de conocimiento; las graduaciones de la vida nos forjan valores

Las graduaciones académicas nos brindan diplomas; las graduaciones de la vida nos llenan de pasión

¿Y tú, ya te graduaste?

Escrito por

Director de negocios, autor y profesor. Esposo, padre de familia, y explorador de gratitud.

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